Aunque los textos de papel se mantendrán mucho tiempo, la digitalización lleva a una interacción más dinámica con el lector.

La evolución del libro a través de la historia

Sumerios y babilonios utilizaban planchas de barro acuñadas con un punzón.

Egipcios, griegos y romanos, tiras de papiro enrolladas en un palo de madera, protegidas con tela.

Persas y hebreos, pergaminos y pieles secas de animales.

Después llegarían los códices, cuadernillos con hojas hechas de fibra de madera, cubiertas de cera, a las que se agregaban hojas de pergamino si era necesario, entre placas de madera que se sujetaban con correas.

En la Edad Media las portadas de madera, a veces cubiertas de piel, incluían orfebrería de oro y otros metales, y se aseguraban con botones o candados.

En Oriente se escribía en tablillas de bambú o madera unidas, o tiras de cáñamo y corteza que se envolvían en cilindros de madera para formar rollos, o en forma de acordeón con portadas de papel fino y tela.

Más tarde los textos se imprimían con pequeños bloques de madera reutilizables, con caracteres grabados, después con bloques móviles ensamblables, idea que llegaría a Europa. El papel y los tipos móviles de metal revolucionarían con la imprenta la producción de libros, que luego se mecanizó.

El libro de hoy

Al libro tradicional se han añadido tecnologías informáticas de mayor interacción reunidas en los libros electrónicos, también llamados digitales o e-book, que incluyen al dispositivo usado para leerlos, los e-reader, ya sea una computadora personal, una PDA (Personal Digital Assistant) o el kindle, que se conecta de manera inalámbrica a una red de donde se descargan los contenidos.

Ya sea de papel o digitales, los libros como tales continuarán siendo el gran medio para la transmisión de conocimientos e imaginaciones, pero contendrán cada vez más aplicacionesque ya comienzan a vislumbrarse para los próximos años. Observa algunas posibilidades en este video.