Nadie puede discutir que los libros tienen un aroma propio y que varía con su longevidad. Al principio huelen a tinta y a productos químicos como el pegamento, pero con el tiempo estos olores desaparecen debido a que se van secando y evaporando. Su lugar es ocupado por productos que se generan de la degradación del sustrato original del papel.

El olor de los libros antiguos es el resultado de cientos de compuestos orgánicos volátiles liberados desde el papel al aire.

Cuando tenemos un libro antiguo entre las manos no sólo nos ofrece su historia, también nos brinda un perfume que lo hace único y singular. El olor es el resultado de cientos de compuestos volátiles que se liberan al aire, siendo el más importante de todos ellos la lignina. A esta conclusión se ha podido llegar a través de un novedosa técnica no invasiva llamada «degradómica material».

Tus libros se están desintegrando

Seguramente, los amantes de las letras calificarían de «romántico» el olor de una biblioteca antigua, sin embargo, no deja de ser uno de los síntomas de la degradación de sus libros, la desintegración de la celulosa.

Además de inconfundible, este olor de los libros antiguos puede resultar muy útil para conocer el estado de conservación, según un estudio que publicó la revista Analytical Chemistry “Oliendo” los gases emitidos por 72 documentos antiguos de los siglos XIX y XX se ha conseguido identificar 15 compuestos que podrían ser indicadores de degradación.

Esta técnica no invasiva podrá ayudar a las bibliotecas y los museos a detectar a tiempo la degradación para preservar las obras por mas tiempo.