El Síndrome de la Muerte Súbita del Lactante (SMSL), también conocido como Muerte en la Cuna, es una de las incógnitas de la medicina que aún no ha sido del todo resuelta por una razón muy simple: no se tiene evidencia clara de cuál es la causa que la provoca.

Sin embargo, que no se sepa por qué hay bebés que mueren mientras duermen no quiere decir que no pueda hacerse nada para prevenirlo, porque a lo largo de los años, en cada una de las muertes, se han tomado todos los datos posibles sobre las costumbres de cada familia y gracias a eso, al día de hoy, conocemos muchos de los factores que ayudan a que suceda.

¿Cuál es el riesgo de muerte súbita de un bebé?

En realidad el riesgo es muy bajo si se tienen en cuenta las medidas adecuadas, cosa que no siempre sucede. En la actualidad se calcula que el SMSL afecta a 1 de cada 2.000 bebés, y sucede sobre todo entre la cuarta y la decimosexta semana (entre que el bebé cumple 1 mes y cumple los 4 meses).

El síndrome de la muerte súbita del bebé es más frecuente en los meses de frío

Son bebés que han sido bien cuidados en sus casas, sin signos de enfermedad, cuyas autopsias no revelan la causa de la muerte (si son bebés con enfermedad que fallecen por ella, ya no hablamos de SMSL).

Es más frecuente en los meses que hace más frío, en bebés varones y en aquellos que pesaron poco al nacer, y se ha visto que los que tienen más riesgo son los bebés prematuros, los bebés de familias con antecedentes de muerte súbita, los hijos de madres fumadoras y los que son puestos a dormir boca abajo.

¿SMSL o asfixia?

No todos los bebés que mueren por la noche lo hacen por el SMSL. Algunos fallecen por asfixia, por quedar envueltos entre mantas, bajo un cojín o de alguna manera que no son capaces de respirar correctamente. La diferencia de la causa es obvia: uno muere porque no puede respirar y el otro por no se sabe bien por qué, aunque el resultado es el mismo y por eso las recomendaciones van dirigidas siempre a evitar ambos tipos de muerte.

¿De verdad no se sabe cuál puede ser la causa?

A ciencia cierta, no. Aunque ya hay algunos avances: en 2014 se encontró en una investigación con bebés fallecidos por muerte súbita que el 40% tenía una anomalía en su cerebro. Esta anomalía afectaba a su hipocampo, un área del cerebro que influye en funciones tales como la respiración, la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal, a través de sus conexiones neurológicas con el tronco cerebral. La teoría dice que en situaciones en que el bebé pudiera tener alguna dificultad para respirar, el mecanismo que le ayudaría a hacerlo no funciona adecuadamente, llevándole a la muerte.

Esto, claro, podría explicar algunos de los casos, pero no todos. Así que luego están las hipótesis que aún están por demostrar, como problemas del corazón (algún tipo de malformación difícil de detectar) o algún gen mutado que participaría en el control de la frecuencia cardíaca y la respiración.

Como no sabemos la causa, pero sí las situaciones que pueden dificultar la respiración a los bebés en las que se pone a prueba su “alarma”, la que debe hacer que puedan seguir respirando, os contamos qué hay que hacer para evitar esas situaciones:

1. Llevar un control adecuado del embarazo

2. No fumar, beber alcohol ni consumir drogas durante el embarazo

3. Al nacer, tener al bebé piel con piel, pero con un adulto vigilando al bebé y a la madre

4. Amamantar al bebé

5. Poner al bebé a dormir boca arriba

6. Que el colchón sea firme

7. No dejar que duerma demasiado tiempo en la sillita del coche

8. No dar cereales antes de la siesta ni antes de dormir

9. No utilizar los métodos “antivuelco”

10. No utilizar protectores, peluches, cojines ni mantas en la cuna

11. Evitar que el bebé pase demasiado calor

12. No dormir con el bebé en el sofá

13. Darle un chupete para que duerma con él

14. No fumar cerca del bebé, ni dormir con él si se fuma

15. Dormir con el bebé en la misma habitación

16. Evitar los productos e inventos que prometen reducir el riesgo de muerte súbita.