Sabías que algunos de los inventos más revolucionarios que cambiaron al mundo nacieron a partir de un sueño? y si!, aunque no lo creas estamos hablando de que sus inventores estaban literalmente durmiendo mientras imaginaron sus creaciones.

La máquina de coser

El inventor Elías Howe quería construir una máquina de coser. Sabía hacer que la aguja subiera y bajara pero ¿cómo lograr que metiera el hilo en la tela? Una noche soñó que un grupo de caníbales se lo querían almorzar. Antes de que lo mataran, se dio cuenta de que las lanzas tenían un agujero en la punta. ¡Esa era la solución! Por eso las máquinas de coser usan agujas con el agujero en la punta.

La estructura molecular del benceno

El químico Friedrich August Kekulé von Stradonitz, a pesar de su magnífico nombre, no podía dilucidar la estructura molecular del benceno. ¿Cómo podía ser que cada átomo de carbono sólo tuviera un átomo de hidrógeno? Se dice que un día soñó con una serpiente que se mordía la cola. ¡Eso le dio la clave! El benceno tenía una estructura hexagonal. Su descubrimiento supuso un gran avance en la historia de la química orgánica.

Srinivasa Ramanujan

El matemático indio Srinivasa Ramanujan casi no tenía formación académica. Es reconocido en todo el mundo por lograr más de 3,900 resultados que contribuyeron al análisis matemático, teoría de números y fracciones continuas. Decía que la diosa Namagiri se le aparecía en sueños y, mediante gráficas, le mostraba sus teoremas y ecuaciones. Afirmaba que las matemáticas sólo le interesaban por expresar “pensamientos de Dios”. Su historia se retrata en la película “El hombre que conocía el infinito”

Premio Nobel en química

En 1921 no se sabía si la comunicación entre las neuronas era eléctrica o química. Otto Loewi estaba trabajando en eso cuando, una noche, soñó con el experimento que lo solucionaría de una vez por todas. Se despertó a media noche, escribió el experimento y se volvió a dormir. A la mañana siguiente notó que había escrito puros garabatos y en todo el día no pudo recordar el sueño. Pero esa noche ¡el sueño volvió! Descubrir que las neuronas se comunican químicamente, le valió el premio Nobel.

Un nuevo elemento

En 1863 se conocían 56 elementos y cada año se descubría uno nuevo, pero no se sabía qué patrón seguían y, si se había nuevos, qué propiedades tendrían. El químico ruso Dimitri Mendeleev soñó que en su mesa caían todos los elementos conocidos, ya muy ordenaditos. Cuando despertó, esbozó la tabla periódica de los elementos que los clasificaba de acuerdo con su peso atómico y sus propiedades, y además predecía cómo serían y dónde quedarían los elementos que faltaba por descubrir. No ganó el premio Nobel, pero el elemento número 101, se nombró en su honor “mendelevium”.

La insulina

Los bioquímicos ya sabían que una sustancia producida en el páncreas por ciertos “islotes”, llamada “insulina”, jugaba un importante papel en evitar la diabetes, pero no habían podido aislar la sustancia. El cirujano canadiense Frederick Banting soñó una operación con la que podría cortar el flujo de sangre al páncreas de un perro pero dejar vivos los islotes. Así, pudo aislar la insulina, lo que ha salvado la vida de millones de diabéticos en todo el mundo. ¡Ah! Y también ganó el Nobel…

La teoría de la relatividad

Cuenta Albert Einstein que un día soñó que iba por el campo cuando vio que una manada de vacas saltaba una cerca, todas al mismo tiempo. Del otro lado había un granjero que afirmaba que las vacas habían saltado de una por una. Este sueño le hizo pensar que el tiempo puede transcurrir diferente dependiendo de la posición del observador. La idea dio origen ¡a la teoría de la relatividad!