A sólo ocho kilómetros de la capital del estado (Xalapa), Coatepec se presenta como el retiro ideal para quien necesita un poco de olor a tierra mojada en la vida mientras camina junto a espectaculares casonas estilo andaluz y, claro, se toma una exquisita taza de café.

La calidad de este café de altura es orgullo de la región, pero para los totonacas que en aquel tiempo vivían fue apenas considerado una rareza: nadie habría podido imaginar que en menos de dos siglos el café sustituiría sin remedio a las tazas de chocolate humeante (con agua, pues así se tomaba entonces) como artífice de la fiesta y la cotidiana necesidad de despertar el cerebro por las mañanas. 

VERACRUZ EN EL MAPA CAFETALERO

La planta de café (el cafeto) arribaría después en otras dos oleadas iniciales al país vía Michoacán y Chiapas, pero se dice que a Veracruz llegó la primera, una estirpe de cafeto europea que el capitán de infantería francés Gabriel Mathieu de Clieu había llevado a la Martinica después de que los holandeses le regalaran un esqueje (tallo o cogollo) a Luis XIV.

Cuando uno se aproxima a Coatepec lo primero que sorprende son sus bosques de neblina, refugio de una miríada de aves, helechos gigantes y orquídeas salvajes. Y una vez que se camina por sus plazas se recupera la fe en la arquitectura poscolonial.

Hay en el Centro Histórico, en los perímetros del Parque Hidalgo, algunas iglesias que vale la pena visitar: la Parroquia de San Jerónimo, patrono del pueblo, un edificio barroco del siglo XVI que tiene una puerta con el símbolo de Coatepec –un grabado indígena con una víbora sobre un cerro–, y sobre todo la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, con una cúpula interior pintada por el artista local Gregorio Sosa.

Coatepec
Museo del café en Coatepec (Xalapa)

DE PASEO EN COATEPEC

Pero más allá de ‘pueblear’ de la manera tradicional (comer en el mercado, caminar por la plaza, visitar las iglesias), en Coatepec tenemos la oportunidad de admirar el ecosistema fértil y omnipresente que se cuela por los intersticios.

No en todos lados se dan climas y humedades capaces de dar limones del tamaño de una bola de boliche o de albergar un lugar como el Museo de la Orquídea (el único en México), donde los ojos se vuelven locos con las más de 5,000 especies allí asentadas.

Se trata de un lugar pequeño sin muchos anuncios –conviene verificar horarios porque a veces cierran–, pero dentro hay recorridos guiados para entender el amplio mundo de estas flores, que a veces será cuestión de suerte vislumbrar pues algunas florean sólo un par de semanas al año. 

El café, el mayor orgullo

Otros paseos arquitectónicos siempre regresan al alma de este Pueblo Mágico, el mayor orgullo y fruto de su tierra: el café.

Empezamos por visitar uno de los tres “beneficios” de café (lugar donde se procesa) que aún quedan en la zona –Bola de Oro, Roma y La Mata– pues podremos encontrar la mejor vista de la arquitectura industrial que con puro ingenio mexicano sirvió para revolucionar el procesamiento del grano de café.

Los sistemas de estos beneficios hicieron posible pasar en tiempo récord del fruto recién cortado al grano consumible y al embalaje para exportación, lo que trajo muchos dividendos para los pobladores. 

Coatepec
Imagen vía Sin Embargo

PARAÍSO CAFETALERO

Como hemos mencionado, varios sitios en México pelean el puesto, pero la mayoría de la población en Coatepec defenderá a su región como la “cuna del café”, en especial por su ubicación en un fértil valle a los pies de la montaña Cofre de Perote, donde convergen cascadas y manantiales que han permitido a los pobladores producir, además del ya mencionado grano, caña de azúcar, plátano, mango y tabaco.

Más de un cuarto de la producción nacional de café proviene de Coatepec (el primer lugar de producción lo ostenta en la actualidad el estado de Chiapas), y sus variedades Typica, Bourbon, Garnica y Mundo Novo han obtenido varios reconocimientos internacionales como café de altura.

Coatepec y el Museo del Café

Un buen lugar para apreciar esta bebida aromática en todo su esplendor es el Museo del Café, ubicado en una finca cafetalera en la que se nos guía para conocer el proceso completo, desde el cultivo hasta el procedimiento correcto para moler el grano y consumirlo.

Y si el café no es suficiente para despertar los instintos gourmet, quizá los mejores langostinos de río al chipotle del mundo lo sean. No hay que dejar Coatepec sin visitar uno de sus puntos culturales más álgidos: su gastronomía.

Para disfrutarla podemos ir a desayunar al restaurante más antiguo de todos, Arcos de Belem, con el mejor mole de la región, o almorzar en La Cabaña del Tío Yeyo, a unos cuantos minutos del pueblo, en medio del bosque.

Coatepec
Además se puede hacer un paseo por alguna de las haciendas que permanecen, como la de Orduña, también conocida como La Ceiba Gráfica.